Sunday, July 09, 2006


Respiro... cierro los ojos... dejo que la música me envuelva... siento moverme y mi mundo conmigo.
No estoy sola; brisa marina, olor a sal, precioso ocaso que con gracia acompaña al sol a descansar. Me hipnotiza el paisaje, siento mi cuerpo correr tras un reflejo dorado entre las olas de un mar en calma, siento lágrimas en mi rostro, me veo llorar sin querer evitarlo para contribuir expresando todo mi sentimiento hacia la escena que estoy observando. No puedo dejar de pensar en lo maravilloso que es todo lo que momentos antes me parecía una impresionante tontería.

Sigo sentada, con las piernas en cruz, con la cabeza alta sin dejar de admirar el mar que se extiende inmaculado frente a mí, la música que emana de él, el destello tintineante que su silueta dispara hacia mi rostro y sus incesantes golpes de viento que me cortan la respiración sin dejar descansar mis emociones, salpicando con fuerza un huracán de sensaciones indescriptibles que hacen tambalear todo mi universo, que hacen que me sienta tan insignificante como importante, como una de las gotas que forman el mar, que por si sola no es nada, pero que unida forma un lugar encantado, una ola de mar capaz de despertar un mar de sentimientos.

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